Choperas en la Vega de Granada: una barrera natural contra la contaminación

Equipo ProPopulus, 29 de abril de 2025

El acuífero de la Vega de Granada es la principal reserva de agua subterránea de la provincia y abastece a 39 municipios. Sin embargo, sufre niveles de nitratos que superan el umbral legal de 37,5 mg/l, consecuencia de la agricultura intensiva.

Un estudio llevado a cabo en el marco del del proyecto europeo LIFE Wood for Future, coordinado por la Universidad de Granada, demuestra que las choperas actúan como filtros vivos, impidiendo que estos compuestos se infiltren en las capas freáticas.

Cómo se depuran los nitratos

Entre 2020 y 2022, el Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera (IFAPA) comparó parcelas de choperas en Purchil con diferentes regímenes de riego (quincenal, cada tres semanas y cada cuatro semanas) y suelos sin cultivo.

«Los análisis revelaron que la cantidad de nitratos presentes en el suelo es mucho mayor en las parcelas sin cultivo y sin riego, y cómo su presencia disminuye en las parcelas con plantaciones de chopo, especialmente aquellas con riegos más frecuentes, ya que para que las plantas puedan absorberlos, los nitratos deben estar disueltos en agua», explicó la técnico especialista del IFAPA, María Ángeles Ripoll.

En las parcelas con riego más espaciado, la acumulación de nitratos se observó en estratos profundos, aunque siempre por debajo de los niveles de los suelos descubiertos.

En las áreas irrigadas sin arbolado, la ausencia de vegetación favorece la lixiviación de nitratos hacia horizontes inferiores, lo que aumenta el riesgo de contaminar el acuífero. Esta diferencia destaca la función protectora de las choperas frente a la contaminación subterránea.

Más allá de la depuración: servicios ecosistémicos del chopo

Además de filtrar nitratos, el chopo captura hasta 20 toneladas de CO₂ por hectárea al año, superando con creces a los cultivos herbáceos. Su copa consigue reducir las temperaturas estivales entre 3 y 6 °C y eleva la humedad del aire. Por su parte, sus raíces contribuyen a la estabilización del suelo y promueven la biodiversidad en riberas y espacios fluviales.

El chopo (Populus spp.) es un árbol de crecimiento rápido que, en apenas una década, puede alcanzar los 20 metros de altura. Su madera ligera y su extenso sistema radicular exploran distintos estratos del suelo, captando agua y nutrientes de manera eficiente.

Además, su denso follaje retiene polvo y partículas contaminantes, mientras que su intensa transpiración modera las temperaturas veraniegas y eleva la humedad ambiental.

LIFE Wood for Future y la bioeconomía verde

El proyecto LIFE Wood for Future, financiado por el programa LIFE de la UE (LIFE 20 CCA/ES/001656), agrupa a la Universidad de Granada, la Diputación Provincial, COSE, la Universidad de Santiago de Compostela, 3edata e IberoLam Timber&Technology.

Además de los ensayos agronómicos, ha impulsado la creación de Marjal, una agrupación de casi cien productores, y el desarrollo de una industria maderera y de nuevos materiales para la construcción sostenible.

«El resultado de esta investigación, acompañado por el uso de las aguas regeneradas impulsado por la Junta de Andalucía, juega muy a favor de la sostenibilidad del sector del chopo, la salud pública y la biodiversidad de nuestras riberas de ríos y arroyos, pues garantiza la recarga de los acuíferos y manantiales con aguas limpias», afirma Antolino Gallego, coordinador del proyecto LIFE Wood for Future.

A su juicio, el siguiente paso debe ser que las administraciones reconozcan este servicio ecosistémico y compensen a los agricultores incluyendo el cultivo de chopo en los esquemas de ayudas agrarias.

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