Chopos vigilados desde el espacio: cómo los satélites e IA están revolucionando la gestión forestal

Equipo ProPopulus

Detectar el estado de salud de una chopera sin necesidad de acceder físicamente al terreno es ya una realidad gracias a una investigación pionera desarrollada en el Campus de Ponferrada de la Universidad de León.

A través del análisis de imágenes satelitales, modelos biofísicos y algoritmos de inteligencia artificial, un equipo científico ha logrado identificar de forma temprana enfermedades como la roya foliar y situaciones de estrés hídrico en plantaciones de chopo.

Este avance representa un hito en el ámbito de la teledetección forestal aplicada y abre nuevas posibilidades para una gestión más eficiente, sostenible y resiliente de los ecosistemas forestales.

Ciencia desde Ponferrada con impacto europeo

El estudio, publicado recientemente en la prestigiosa revista International Journal of Applied Earth Observation and Geoinformation, ha sido liderado por Erika García y Flor Álvarez Taboada, investigadoras del Grupo de Investigación en Geotecnologías Aplicadas (GEAT) de la Universidad de León. El trabajo forma parte de una línea de investigación iniciada en 2024, en colaboración con el Joint Research Centre (JRC) de la Comisión Europea.

“Queríamos demostrar que es posible evaluar el estado fisiológico de las choperas con imágenes satelitales disponibles gratuitamente, como las del Sentinel‑2 del programa Copernicus”, explica Álvarez Taboada. “Y no solo detectar lo evidente, sino captar señales tempranas de estrés, antes de que sean visibles a simple vista”, añade Erika García.

Ver lo invisible: clorofila, carotenoides y agua

El sistema se basa en el modelo PROSAIL, que simula cómo interactúa la luz solar con la vegetación en función de sus características biofísicas. A partir de esta base, el equipo procesó cientos de imágenes satelitales mediante algoritmos de aprendizaje automático —como redes neuronales y bosques aleatorios— para estimar la cantidad de clorofila, carotenoides y contenido hídrico en las hojas de los chopos.

Estos tres compuestos son claves para evaluar la salud de los árboles. La clorofila indica la capacidad fotosintética; los carotenoides, la respuesta al estrés; y el contenido hídrico, la hidratación del follaje. “Gracias a esta combinación podemos identificar síntomas de la roya foliar (Melampsora spp.) o detectar sequías incipientes, incluso cuando los árboles aún parecen sanos”, apunta García.

Los resultados son contundentes: el sistema alcanza una precisión del 89,5 % en la detección de roya, con la clorofila como la variable más determinante (21 %), seguida por los carotenoides (16 %) y el agua foliar (11 %).

Una alianza internacional con vocación práctica

El proyecto ha contado con la participación de la Universidad de Wageningen (Países Bajos), el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) con apoyo del CSIC, y la empresa española Bosques y Ríos, especializada en gestión forestal sostenible.

“Esta colaboración nos permitió contrastar los datos con la base foliar ANGERS, una referencia internacional en parámetros ópticos de vegetación, y validar los resultados con observaciones de campo”, explica Álvarez Taboada. El método no solo es científicamente robusto, sino escalable y transferible a otras especies forestales, lo que abre la puerta a su uso en diferentes regiones y ecosistemas.

Además, al apoyarse en datos abiertos del programa europeo Copernicus, el sistema no requiere inversiones costosas en sensores ni vuelos con drones, lo que lo hace accesible a gestores públicos y privados de todo tipo.

Cambio climático y salud forestal: el papel del chopo

La capacidad de monitorizar el estado fisiológico de los árboles a gran escala cobra especial importancia en un contexto de cambio climático, donde fenómenos como las olas de calor, la sequía o la propagación de plagas están poniendo a prueba la resiliencia de los bosques.

El chopo, además de su valor productivo para la industria de la madera y el papel, desempeña un papel esencial en la renaturalización de riberas, el almacenamiento de carbono y la biodiversidad. Detectar a tiempo los primeros signos de deterioro permite aplicar tratamientos más eficaces, reducir pérdidas y planificar mejor las rotaciones y repoblaciones.

“El objetivo no es sustituir la observación de campo, sino complementarla y priorizar dónde y cuándo intervenir”, matiza Erika García. “En lugar de recorrer hectáreas a pie, los gestores pueden recibir alertas tempranas desde el satélite y actuar con precisión quirúrgica”.

Hacia una silvicultura más inteligente

La investigación desarrollada desde El Bierzo representa un paso más hacia una silvicultura inteligente: tecnológicamente avanzada, basada en datos, resiliente y sostenible. Un modelo que combina el conocimiento científico con herramientas digitales para garantizar el futuro de nuestros bosques.

En palabras de Flor Álvarez Taboada: “Los satélites ya no solo nos dicen qué superficie está arbolada, sino cómo está ese arbolado. Y eso es un cambio de paradigma”.

Desde el espacio, los chopos tienen hoy un nuevo aliado para mantenerse sanos y seguir ofreciendo todo su valor económico, ambiental y social. economic value.

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