La escasez de chopo amenaza a la industria española de contrachapado

Equipo ProPopulus

En apenas unos meses, en 2020, la disponibilidad de chopo como materia prima para la industria española del contrachapado igualará a la demanda. A partir de entonces la industria en España enfrenta un escenario de escasez que quedó retratado en el inventario publicado en 2017 por la Sociedad Pública de Infraestructuras y Medio Ambiente de Castilla y León (SOMACYL): la cifra de metros cúbicos de madera de chopo se reduce paulatinamente hasta llegar a los 280.000 metros cúbicos en 2023. Es un panorama árido en más de un sentido, e irreversible, al menos en lo que toca a lo inmediato, ya que un chopo tarda 15 años desde su plantación hasta el momento apropiado para su corta, por lo que aquello que se plante durante este año no se transformará en madera hasta 2034.

Hemos tenido la oportunidad de conversar con Ignacio García, director de AEFCON, quien señala que según las previsiones de la organización “en 2020 se igualarán la disponibilidad de madera de chopo con las necesidades de la industria y a partir de ese momento habrá escasez de materia prima que se acentuará en 2023”. Ante la escasez de materia prima “la única alternativa es la importación de madera de chopo de terceros países y la consecuencia, el incremento de costes. Por desgracia habrá empresas que no podrán repercutir ese incremento de costes en sus clientes y que podrían no sobrevivir a esta situación de escasez”.

El principal motivo de la escasez a la que habrá de enfrentarse el sector del contrachapado fue la paralización de las plantaciones por parte de la Confederación Hidrográfica del Duero en 2008. “Fue una decisión política que ahora tiene consecuencias para la industria y aunque SOMACYL retomó las plantaciones no lo hizo en la proporción que lo hacía la Confederación”. afirma García. “Por otro lado está la situación de los propietarios privados que han ido abandonando las plantaciones de chopo principalmente por los problemas con las Confederaciones Hidrográficas, el retraso en los permisos y los cánones que hay que pagar, que hacen que la chopera no sea rentable o que lo sea en menor medida que otros cultivos alternativos”.

Aunque las choperas de producción representan menos de un 1% de la superficie forestal arbolada de España, el chopo como recurso forestal llega a suponer en algunas provincias de ese país más del 50% de las cortas de madera. En el caso de Castilla y León, por ejemplo, se calcula que “las cortas de chopo suponen en torno al 40% del valor económico de las cortas de madera en rollo, siendo ésta la especie forestal con mayor valor económico”, de acuerdo con Populuscyl, una empresa pública de la Junta de Castilla y León creada para dar servicio a los propietarios públicos y privados en la gestión de choperas. Por otra parte, las plantaciones de chopo benefician a los propietarios de fincas en zonas de ribera, a los profesionales que se dedican a su cuidado y a las empresas madereras. En total, el sector genera unos 11.000 puestos de trabajo en el país, entre directos e indirectos.

Visto que la situación de escasez prevista a partir del próximo año sólo puede encararse importando materia prima de terceros, de cara a futuro y con idea de poder revertir esta situación a partir de 2033, desde la industria se están tomado iniciativas: “Estamos tratando de solucionar el problema a medio y largo plazo intentando que se aumente el número de plantaciones y que la Administración (principalmente las Confederaciones Hidrográficas) no ponga dificultades a las plantaciones de chopos”. Y agrega que “durante el último gobierno de Rajoy se elaboró el Plan de Actuación Forestal en el que estuvimos colaborando todos los sectores implicados y que recogía una serie de actuaciones tendentes a aumentar el número de plantaciones de choperas. Desafortunadamente el gobierno salido de la moción de censura se olvidó de este Plan y no sabemos si las medidas contenidas en él se aplicarán algún día”.

Por otra parte, existen vías como los sistemas de Pago por Servicios Ecosistémicos (Payment for Ecosystem Services, PES, por sus siglas en inglés)  que ya se ponen en práctica en otros países, y que podrían ser una alternativa para incentivar el cultivo del chopo. La idea detrás del Pago por Servicios Ecosistémicos es, esencialmente, pagar a los propietarios por proteger sus tierras con el fin de garantizar la provisión de algún «servicio» prestado por la naturaleza. Para García establecer sistemas de este tipo podría estimular a los agricultores a convertirse en silvicultores o al menos para incluir parcelas silvoarables en sus propiedades.  “Tengamos en cuenta que un propietario que decide plantar chopos no recibe ingresos hasta 15 años después de plantarlo, cuando vende la madera, y durante esos 15 años pueden ocurrir muchas cosas. Si en lugar de plantar chopos planta otros cultivos agrícolas puede recoger la cosecha al menos una vez al año, con los correspondientes ingresos anuales. Por tanto, el propietario tiene que ver una clara rentabilidad en la chopera de modo que le compense esperar esos 15 años y no dedicarse a plantar otros cultivos agrícolas. El Pago por Servicios Ecosistémicos, en el caso de choperas, por ejemplo, por ser sumideros de carbono, ayudaría a mejorar la rentabilidad de la plantación y por tanto a que los propietarios optaran por el cultivo del chopo”, explica.

En cualquier caso, también a nivel europeo han de tomarse algunas medidas. García apunta que “no existe una política forestal europea común y va a ser difícil que exista por la diversidad de intereses en temas forestales entre los países del norte y del sur de Europa. Sin embargo, hay cosas que sí pueden hacerse aprovechando la coyuntura actual, en la que la Comisión Europea quiere reducir las emisiones de CO2 de modo que la economía europea sea neutra en emisiones en 2050. Para conseguir esto necesitamos sumideros de carbono y las choperas son excelentes sumideros. Desde nuestra patronal europea EPF estamos preparando un dossier para que se conozca cómo las choperas pueden contribuir a los objetivos de la Comisión y de este modo que se desarrollen políticas a nivel europeo que favorezcan las plantaciones de chopos en todos los países miembros”.

El conjunto de medidas tanto en el plano local, nacional y europeo podrían ayudar a incrementar las plantaciones de chopo en toda Europa, garantizando así no sólo los beneficios medioambientales inherentes a las choperas, como la captura de CO2, sino también el suministro de madera producida localmente. Se evitaría así que la industria importe materiales desde terceros países, manteniendo los recursos en las áreas rurales de Europa y mejorando las economías locales, mientras se contribuye a mitigar el cambio climático al reducir la huella de carbono en los procesos logísticos.

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